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  • José Pablo G. Roldán

El poder de las redes sociales: ¿soy lo que publico?

Como bien dijo Pau Solanilla en su libro La República de la Reputación: “Dime con quién conectas, y te diré quién eres”.


La anterior premisa es la innegable realidad social en la que vivimos, en la que cada ciudadano es empresario y embajador de su marca personal.


Todos, de una manera u otra manera, nos relacionamos en un mundo totalmente digitalizado, hiperconectado e hipersensible, en el que nada se esconde y todo se sabe.


Sin importar si se gestiona o no, absolutamente todos poseemos una marca, que, a su vez, es el reflejo de la forma en que hacemos las cosas, de comportarnos, de relacionarnos y de ser con los demás.


Inclusive, somos los máximos responsables de todo el contenido que se genera en nuestras redes sociales. De todo lo que se publica, se comparte, inclusive, lo que permitimos que otros publiquen en nuestro espacio… en lo que podríamos llamar “nuestra casa social”.


Economía de la reputación


La economía de la reputación es una nueva e imparable disciplina social, que ya no solo vincula a las grandes empresas. También involucra a los emprendedores, a las Pymes y, por supuesto, hoy más que nunca a las personas.


Debemos tener algo muy claro: nuestra reputación no nos pertenece, simplemente podemos construirla, protegerla e impulsarla.


Esto porque yace en las percepciones que hemos desarrollado en los demás de nosotros, con nuestra realidad, comportamiento, actuaciones. En este caso específico, con lo que publicamos y con quién conectamos en redes sociales.


Todos estamos inmersos en un mundo digitalizado e impulsado por el poder de las redes, en el que no es necesario estar presente en una plataforma digital para que se hable de nosotros. Aunque no estemos en alguna red, siempre se podrá hablar de nosotros.

¡Cuidado con lo que publica!

Ante este escenario, cuando publicamos comentarios, vídeos, fotografías o compartimos publicaciones de terceros estamos construyendo nuestra “huella digital”.


En otras palabras, estamos generando percepciones de cómo quiero que me perciban. Sea como persona o profesional, porque nos guste o no, la actualidad dicta que una es inherente a la otra.


La famosa excusa de “cuentas privadas o personales” solo existen en la cabeza de las personas.


Esto porque en el mundo digital no se puede esconder nada, o al menos, no por mucho tiempo.


Cuando hacemos un post o compartimos, generamos un tuit, o simplemente nos expresamos estamos comunicando la forma en que queremos ser percibidos y reconocidos por todos.

¿Yo soy la marca?

Cada persona está a cargo de trabajar el marketing de su marca personal. Eso sí, adquiere diferentes dimensiones en las personas que son conocidas como “figuras públicas”.


Por ejemplo, si somos empleados de una empresa, inmediatamente nos convertimos en representantes de la misma.


Muy a pesar de que digamos “es mi cuenta personal”, resulta que nuestro “comportamiento digital” siempre tendrá un ligamen con la empresa y su cultura corporativa, con sus valores y políticas de cumplimiento ético.


Similar sucede si somos trabajadores independientes o dueños de nuestra propia empresa. Inclusive es más riguroso, porque nuestra conducta es juzgada directamente por el consumidor, cliente y empleado, mismos que juzgan y sentencian con la inmediatez de un clic.


El margen es mucho menor, porque antes de contratarnos para un servicio, adquirir mi producto o finiquitar un acuerdo comercial nos harán un fuerte escrutinio sobre nuestra huella digital.


Esto para saber con quién van a tratar, a quién le van a comprar un producto, o con quién se van a asociar, y todo esto sucede en las plataformas digitales.

Nuestra “huella digital”

Inclusive, y aunque existen diferentes políticas y leyes de contratación para las empresas, lo cierto es, que todas, adicional al Curriculum Vitae, hacen una evaluación de nuestra huella digital, nos buscan en las redes sociales.


También hacen un importante análisis del perfil de la persona que estarían por contratar y va a representar a la empresa.


El último informe de InfoJobs sobre redes sociales, indica que una de cada cinco empresas encuestadas reconoce haber descartado a un candidato por su actividad en redes sociales. Y una de cada dos (49%) afirma revisar el perfil de Instagram antes de contratarlo.


Las redes sociales más consultadas son LinkedIN (84%) y Facebook (72%). Pero es muy probable que esta medición varíe para este 2022 con la evolución de TikTok, Twitch y otras redes que ascienden con mucha fuerza y hoy son determinantes.


Según el informe, los principales motivos de descarte por parte de las empresas son:

  • Incoherencia entre lo que comenta el profesional en la entrevista y lo que publica en sus perfiles (56%)

  • Las fotos publicadas (47%)

  • Faltas de respeto (36%)

  • Faltas graves de ortografía en sus publicaciones

  • Hablar mal del jefe o los compañeros de la empresa anterior de trabajo (34%).

En el caso de las figuras públicas va más allá, porque, quieran o no, adquieren una responsabilidad social con su público y sociedad en general.


Ellas influyen en la toma de decisiones de las personas, sea para adquirir un producto, contratar un servicio, apoyar causas sociales, políticas, entre muchas otras, pero este tema lo podemos ampliar en otro artículo.

Analizar, pensar antes de publicar

El previo análisis sobre lo que se publica en el ecosistema digital es elemental y obligatorio.


Un vídeo que consideremos “divertido” en TikTok, una fotografía que podría generar muchos “likes” en Instagram, un simple tuit con una opinión sobre cualquier tema… debe tener un sentido coherente con la percepción que deseamos tengan los demás de mí.


Ese análisis previo nos genera un valor diferencial sobre los demás, por lo que preguntarnos: ¿cuál percepción voy a generar con lo que voy a publicar?


Y además: ¿es así como quiero ser percibido por la sociedad? La respuesta podría definir nuestro futuro profesional, así como personal.


Aquel viejo discurso de “no importa que hablen bien o mal de mí, lo importante es que se hable de mí”, ya no es válido, no es rentable.


Más bien es peligroso y nos expone a un fuerte castigo social y profesional, lo que para una empresa sería perder su licencia social de operación.


“La marca es el perfume que usas, la reputación, el olor que dejas”, Alfonso Alcántara.


Artículo publicado por el diario www.observador.cr

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